“Viajo porque preciso, vuelvo porque te amo” (Dir. Aïnouz – Gomes, 2009)
Foto: Entretenimiento R7
Así se tradujo por estas latitudes del continente la colaboración entre Karim Aïnouz (Madame Satã, 2002) y Marcelo Gomes (Cinema, aspirinas y urubus, 2005). Quizás una traducción más precisa sea “Viajo porque debo”, aunque ciertamente no tiene los vuelos poéticos del título en portugués. Sin embargo muchos asistentes, hay que decirlo, no quedaron satisfechos con el contenido. Al finalizar la proyección escuché constantes quejas y reacciones adversas del tipo “quiero mi dinero”. Sin lugar a dudas, puede que sea mejor que los que esperan una historia puesta en escena no pierdan su tiempo.
De escasos 75 minutos de duración, con una fotografía inestable y un manejo de los arreglos sonoros que recuerda a Dogma 95, Viajo porque preciso… tiene como protagonista a un geólogo en Brasil que nunca aparece en escena. La historia se va desarrollando, con estrategias claramente tomadas del cine documental, mediante retratos de los individuos que se verán afectados con la obra que pronto se desarrollará en el noreste de ese país, así como de las mujeres con las que el geólogo se involucra para olvidar a la Gallega, con quien acaba de terminar una relación, motivo por el que acepta un tortuoso viaje de varias semanas en aquella zona árida y poco habitada. El geólogo entrevista a Paty, una de las mujeres con las que se encuentra, en el único diálogo de toda la película y la que puede ser la intervención más directa de otro personaje en toda la película. Paty habla sobre la “vida de ocio” que ella quería, donde conceptos como la familia y la estabilidad social representaban una clara muestra del éxito para muchos, el géologo entre ellos, quien comienza a alterar el lema que encontró en un anuncio de viajes y que lo cautivó casi de inmediato: “Viajo porque preciso, no vuelvo porque aún te amo”.
Es difícil notar los giros que da la historia si no se está muy atento a la narración, ya que las imágenes no conservan relación directa alguna entre ellas salvo la que va trazando la voz del geólogo, como un hilo tenue. No se trata, en definitiva, de una road movie común y corriente, pese a que sí se conocen nuevos personajes y se hace una analogía entre el paisaje interior y el exterior (la mente del viajero). Pero si no se tienen muchas ganas de ver escenas interminables de carreteras de provincia, junto con retratos de pueblos y ciudades que rozan en el costumbrismo, será mejor pensárselo dos veces.






























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